Entrevista a Miriam Hernández, fundadora de Cuptural
¿Cómo y cuándo nació Cuptural?
La idea de montar Cuptural nació en 2023, después de llevar más de 11 años trabajando en el mundo del café. Durante todo ese tiempo estuve en otra empresa del sector, lo que me permitió conocer el café desde dentro: su origen, los procesos, la importancia del tueste, y sobre todo, el valor de las personas que lo hacen posible.
Arrancamos en marzo de 2024 con muchísima ilusión. Cuptural nace de la pasión por el café y de las ganas de hacer algo con sentido, algo que conectara con la gente. Siempre hemos creído que el café es mucho más que una bebida; es cultura, es historia, es comunidad. Y queríamos que eso se reflejara en cada taza.
Además, en Canarias no había muchas opciones de café de especialidad, y sentimos que podíamos aportar algo distinto. Cuptural es nuestra forma de compartir esa visión: un café de calidad, tostado con cariño y respeto por todo lo que hay detrás.

¿Cuál fue el mayor reto al iniciar Cuptural y cómo lo superaste?
El mayor reto fue, sin duda, poner en marcha todo al mismo tiempo: encontrar gente comprometida que entendiera el proyecto, aprender a manejar una tostadora completamente nueva y, además, empezar a gestionar una empresa desde cero.
Pasar de trabajar en el sector a liderar tu propio proyecto cambia completamente la perspectiva. No se trata solo de hacer buen café, sino de tomar decisiones, organizar procesos, coordinar tiempos y estar en mil detalles a la vez. Aprender a llevar todo eso sin perder de vista la esencia del proyecto fue, y sigue siendo, un gran aprendizaje.
La verdad es que siempre van surgiendo nuevos retos. Esto es un aprendizaje constante, y cada día toca adaptarse, tomar decisiones y, a veces, equivocarse para poder mejorar. Aprender de los errores es parte del proceso. Intentamos mantenerme cerca de lo que nos hace feliz, porque al final eso es lo que te da fuerza para seguir adelante.
En un momento donde los precios del café verde han subido notablemente, ¿cómo gestionas el equilibrio entre calidad, sostenibilidad y rentabilidad?
Es todo un reto, sobre todo habiendo arrancado en un momento en el que el precio del café verde está especialmente alto. Desde el principio tuvimos claro que no quería renunciar ni a la calidad ni a la sostenibilidad, así que toca pensar muy bien cada paso que damos.
Intentamos optimizar al máximo cada parte del proceso: desde la compra del café verde hasta el tueste bajo demanda, el control ajustado del stock y la reducción de desperdicios. Todo eso no solo ayuda a mantener la rentabilidad, sino que asegura frescura y coherencia con lo que queremos ofrecer.
Además, apostanos por la transparencia. Nos gusta que el cliente entienda lo que hay detrás de una taza bien hecha: el trabajo, la historia y el valor real del café. Esa comunicación también es parte de la sostenibilidad, y creo que es clave para construir una comunidad que valore el producto más allá del precio. Porque la rentabilidad, al final, no viene solo del margen o volumen, sino de crear una base sólida, con gente que entienda y comparta lo que hacemos. Preferimos crecer poco a poco, con coherencia y respeto por cada paso, que abaratar costes a costa del café o de las personas que lo hacen posible.

¿Estamos avanzando lo suficiente hacia un modelo de café sostenible en términos ambientales y sociales?
Creo que se han dado pasos importantes, sobre todo desde el lado de los pequeños proyectos y productores. Pero aún queda mucho por hacer. Muchas veces se habla de sostenibilidad como algo puramente ambiental, pero también es una cuestión social y económica. Si quienes cultivan el café no pueden vivir dignamente de su trabajo, el modelo no es sostenible. A esto hay que sumarle los efectos del cambio climático, que ya están afectando a las zonas productoras, reduciendo rendimientos y cambiando los ciclos agrícolas.
También hace falta más transparencia a lo largo de toda la cadena y una mayor implicación por parte de los grandes actores del sector. No basta con certificaciones: es necesario un cambio de mentalidad real, en el que se valore el trabajo desde el origen hasta la taza y se fomente un consumo más consciente e informado.
¿Qué retos y oportunidades encontráis al tostar desde las islas?
El primer gran reto es la logística: todo tarda más tiempo en llegar y a un coste mayor, tanto el café verde como cualquier equipo o material que necesites. No puedes improvisar demasiado, hay que tener todo muy bien planificado y prever cualquier retraso.
Otro punto complicado es que el acceso a formación, eventos o encuentros del sector es más limitado. Muchas cosas pasan en la península o fuera de España, y estar en Canarias te exige moverte más o buscar otras formas de estar conectado con el mundo del café.
Aun así, también hay oportunidades muy bonitas. Aquí todavía hay mucho por hacer en torno al café de especialidad, y eso permite educar, sorprender y crear vínculos reales con la gente. Notas que cuando alguien conecta con lo que haces, lo valora de verdad. Y eso compensa muchísimo.
¿Cómo impactan los desafíos logísticos en la frescura, calidad y trazabilidad del café que llega a las islas?
La logística desde luego supone un reto, sobre todo por los tiempos y los costes, pero si se gestiona bien, no tiene por qué afectar a la frescura ni a la calidad del café. Trabajamos con importadores de confianza que almacenan correctamente el café verde y aseguran que llegue en buenas condiciones.
Lo que sí exige es una planificación más cuidadosa. Intentamos proveer lo que vamos a necesitar con antelación y organizarnos bien con lotes pequeños para tener una rotación adecuada del grano.
En cuanto a la trazabilidad, aunque estemos en las islas, tenemos claro que cada café que tostamos tiene que venir con su historia, su origen bien definido y toda la información que permita al cliente saber lo que está tomando.